Libertario consecuencialista

Lo que defienden los libertarios consecuencialistas se deriva del cálculo coste-beneficio, teniendo en cuenta ampliamente las consecuencias. Se contrapone al libertarismo deontológico que considera inmoral la iniciación de la fuerza y el fraude, independientemente de las consecuencias. A diferencia de los libertarios deontológicos, los libertarios consecuencialistas no consideran necesariamente que todos los casos de iniciación de la fuerza sean inmorales y no los consideran intrínsecamente inmorales (es decir, no expresan una creencia en los derechos naturales). Más bien, su posición es que la libertad política y económica conduce a las mejores consecuencias en forma de felicidad y prosperidad y sólo por esa razón debe ser apoyada. Algunos libertarios pueden tener una concepción del libertarismo que es un híbrido de consecuencialismo y deontología.

A diferencia de los libertarios deontológicos, los libertarios consecuencialistas defienden las acciones que creen que producen consecuencias favorables, independientemente de que constituyan o no el uso de la fuerza. A diferencia de los libertarios deontológicos, algunos libertarios consecuencialistas apoyan el dominio eminente además de apoyar los impuestos involuntarios. Los puntos de vista particulares varían entre los libertarios consecuencialistas, y el teórico político David D. Friedman apoya una forma consecuencialista de anarcocapitalismo en la que el contenido de la ley se compra y se vende en lugar de existir un código legal establecido que prohíba la iniciación de la fuerza.

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