«El valle de la desesperación»-Hágase las preguntas correctas

Si está lanzando un nuevo proyecto, una nueva iniciativa de cambio o introduciendo un nuevo proceso -o mejorando uno ya existente- que afecta significativamente a sus empleados, hay algunas preguntas que debería hacerse para asegurarse de que no se está retrasando en su proyecto o, peor aún, perdiendo su objetivo por completo. Haciendo unas sencillas preguntas, podrá comprender rápidamente si logrará o no el resultado deseado.

Pregunta 1: ¿Su proyecto está en el plazo previsto, dentro de su presupuesto y es bien recibido por sus empleados?

Si su respuesta es «Sí», enhorabuena, está haciendo algo bien.
Si su respuesta es «No», puede que esté atrapado en el Valle de la Desesperación.

Pregunta 2: ¿Qué es el Valle de la Desesperación?

Respuesta: Con cada nuevo proyecto, hay un período de tiempo en el que la productividad disminuye inmediatamente después de la implementación. Esta pérdida de productividad se produce como resultado de cambiar su rutina de la forma en que las cosas son – cómo sus empleados hacen negocios antes del cambio – a su resultado deseado. En el mejor de los casos, después de que pase este período de reducción de la productividad, su nuevo proyecto se convierte en un programa y ofrece el resultado deseado, y su éxito superará ampliamente el nivel experimentado antes de la implementación.

Maximizar el valor del cambio

Pregunta 3: ¿Qué causa la pérdida de productividad asociada con el Valle de la Desesperación?

Respuesta: Hay varias cosas que causan una caída en la productividad, pero algunos de los culpables más significativos incluyen:
1. Procesos de implementación ineficientes
2. Desconocimiento de las nuevas responsabilidades que conlleva el proyecto
3. Falta de implicación de las partes interesadas
4. Plan de gestión del cambio inadecuado

Si necesita un poco más de información para entender por qué su proyecto no está funcionando, piense en estos sencillos términos: un nuevo y mejor software de contabilidad mejoraría drásticamente la eficiencia de una pequeña empresa, pero incluso el mejor software nuevo del mercado no aportará valor a su organización si intenta implementarlo con un proceso roto o anticuado. Si sus empleados no entienden cómo o por qué se beneficiarán del uso del nuevo software, no experimentarán ningún beneficio (y tampoco lo harán sus clientes). Si su equipo directivo no puede articular el valor del nuevo software y animar a su personal a ponerse al día, su iniciativa se perderá en la mezcla. Y si no se planifica el cambio que tendrá que producirse para que todo el mundo se ponga en marcha con el nuevo sistema de software, éste nunca saldrá de los tacos de salida.

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