El Tribunal Fiscal deniega la deducción de los gastos no reembolsados de la sociedad

En general, un socio no puede deducir los gastos de la sociedad en su declaración individual del impuesto sobre la renta, aunque los gastos hayan sido realizados por el socio en el marco de la actividad de la sociedad. Sin embargo, se aplica una excepción cuando existe un acuerdo entre los socios, o una práctica rutinaria equivalente a un acuerdo, que requiere que un socio utilice sus propios fondos para pagar un gasto de la sociedad.

Para los socios de las organizaciones de servicios, la deducción de un gasto no reembolsado que cumpla los requisitos puede servir no sólo para reducir los ingresos federales y estatales que están sujetos a impuestos a sus tipos impositivos marginales, sino también para reducir los ingresos sujetos al impuesto sobre el trabajo por cuenta propia. Una desventaja de dicha deducción es que cualquier reducción de los ingresos por trabajo por cuenta propia es también una reducción de los ingresos devengados considerados en los cálculos de las contribuciones al plan de jubilación, lo que puede reducir la financiación de la jubilación.

En Peter A. McLaughlan, TC Memo 2011-289, el contribuyente pagó por artículos tales como membresías en organizaciones profesionales y educación legal continua en relación con el ejercicio de la abogacía como socio de la sociedad.

El contrato de sociedad exigía a los socios el pago de gastos por lo que se describía colectivamente como gastos «indirectos», que incluían comidas de negocios, automóviles, viajes, entretenimiento, convenciones, formación jurídica continua y cuotas de afiliación a organizaciones profesionales. Dichos gastos indirectos eran reembolsables en virtud del acuerdo de asociación si lo aprobaba el socio gestor.

Además de las disposiciones del acuerdo de asociación, la sociedad tenía una política de reembolso por escrito que preveía específicamente el reembolso de ciertos gastos indirectos, pero denegaba el reembolso de los gastos de transporte dentro de la ciudad (es decir, Como práctica habitual, la sociedad reembolsaba otros gastos indirectos que no estaban previstos en la política de reembolso escrita, incluidos los gastos de afiliación al Colegio de Abogados del Estado y los gastos de organizaciones profesionales. La sociedad no tenía un límite en la cantidad que se podía reembolsar a un socio, sino que la norma general para aprobar el reembolso de los gastos indirectos era la razonabilidad. La sociedad consideraba que un gasto no era razonable si era personal, excesivo o no redundaba en el interés de la sociedad.

Aunque al contribuyente se le reembolsaron más de 60.000 dólares de gastos en cada uno de los dos años abordados en este caso, el contribuyente también reclamó más de 100.000 dólares de gastos por los que no se le reembolsó.

El Tribunal Fiscal consideró que el contribuyente no estaba obligado a pagar sin reembolso ningún gasto de formación jurídica continua, de organizaciones profesionales o de pertenencia al Colegio de Abogados del Estado. Sin embargo, el contribuyente no señaló ningún gasto concreto por el que la sociedad le negara el reembolso. En consecuencia, se denegaron las deducciones del contribuyente por los gastos no reembolsados de la sociedad y se fijaron impuestos adicionales, intereses y sanciones.

La capacidad de un socio para deducir los gastos no reembolsados no se determina de forma aislada. Siempre que los gastos sean del tipo que se espera que el socio pague sin reembolso según el acuerdo de asociación u otra política, el socio puede ser capaz de deducir los gastos. Para crear un rastro de papel para los gastos deducibles, el socio debe considerar la posibilidad de presentar los gastos a la sociedad y hacer que ésta deniegue el reembolso de los gastos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.